ZONA MACO 2026
EL PULSO DE UNA ESCENA EN DISPUTA
PLÁSTICA
Revista de Arte
2/12/20265 min read


Cada febrero, la Ciudad de México entra en un estado de hiperactividad cultural que transforma su ritmo habitual. Las agendas se saturan, los recorridos se multiplican y la conversación pública gira en torno al arte contemporáneo. En ese paisaje intensificado, Zona MACO vuelve a operar como el centro de gravedad que ordena y a la vez desordena la Semana del Arte. En su edición 2026, celebrada del 3 al 8 de febrero, la feria recibió a más de 82 mil visitantes, una cifra que confirma su capacidad de convocatoria, pero que, leída con atención, también revela algo más profundo: la necesidad de la ciudad y de su escena cultural de verse a sí misma en un espejo internacional.
Durante cinco días, el Centro Banamex se convirtió en un espacio de cruce entre mundos que rara vez coinciden con tanta intensidad: artistas en búsqueda de interlocutores, galeristas negociando con coleccionistas, curadores rastreando nuevas narrativas, directores de museos observando posibles adquisiciones, públicos locales confrontados con discursos estéticos globales. Zona MACO no es únicamente un punto de encuentro; es un dispositivo de fricción, un lugar donde se hacen visibles las tensiones entre mercado, discurso curatorial, legitimación institucional y producción simbólica.
Uno de los datos que mejor ilustra la dimensión estructural de la feria es la presencia de 70 grupos especializados de museos e instituciones culturales internacionales. Esta cifra no solo habla de la relevancia logística de Zona MACO, sino de su papel como termómetro del estado del arte contemporáneo en América Latina. Las instituciones no acuden únicamente a comprar: vienen a observar tendencias, a detectar desplazamientos en los lenguajes visuales, a leer los temas que se repiten territorio, memoria, colonialidad, crisis ecológica, cuerpo, tecnología y a identificar qué voces comienzan a ocupar un lugar central en el relato global.
En este sentido, la feria funciona como una especie de archivo efímero del presente. Cada stand, cada curaduría de galería, cada obra seleccionada compone un mapa provisional de lo que hoy se considera visible, coleccionable y discursivamente pertinente. Lo que queda fuera las prácticas más radicales, los proyectos comunitarios de difícil circulación comercial, las propuestas que no encajan con la economía de la feria también forma parte del retrato, aunque sea desde la omisión.
Zona MACO no se agota en el perímetro del recinto ferial. Su verdadero impacto se despliega en la ciudad. La Semana del Arte convierte a la Ciudad de México en un territorio expandido de exhibición, donde museos, galerías, fundaciones, espacios independientes y casas de proyecto activan exposiciones, performances, charlas y encuentros. En esos días, el arte deja de ser un destino puntual para convertirse en un recorrido: colonias como la Roma, la Juárez, San Miguel Chapultepec o el Centro Histórico se integran a una cartografía cultural que obliga a pensar la ciudad como una red de nodos creativos en constante negociación.
Este fenómeno no es inocente. La circulación intensiva de públicos, capital simbólico y atención mediática transforma temporalmente la economía cultural de la ciudad. Se activan circuitos de consumo, hospitalidad, moda y diseño que dialogan con el arte contemporáneo, pero también lo tensionan. La Semana del Arte es, al mismo tiempo, una fiesta cultural y un síntoma de cómo las industrias creativas modelan la experiencia urbana. Zona MACO, en ese contexto, actúa como catalizador: concentra la atención para luego dispersarla.
Los premios otorgados durante Zona MACO 2026 operan como gestos de legitimación que revelan las lógicas del sistema del arte. El 3er Premio de Arte AXA México, concedido a la artista tzotzil Maruch Sántiz Gómez (Galería OMR), introduce una dimensión política ineludible: la entrada de una práctica artística atravesada por identidades indígenas en el circuito corporativo del coleccionismo institucional. Este reconocimiento abre preguntas sobre los modos en que las narrativas comunitarias son traducidas y a veces neutralizadas al ingresar en estructuras de visibilidad global. La adquisición de la obra por parte de AXA México no es solo un gesto de apoyo, sino un movimiento dentro de una economía simbólica que redefine el lugar de esas prácticas en el relato dominante del arte contemporáneo.
El Premio Tequila 1800 Colección, con más de 18 años de trayectoria, volvió a subrayar su papel como plataforma para artistas emergentes. La elección de Cirse Irasema como primer lugar, seguida de Naufus Ramírez-Figueroa y Milena Muzquiz, dibuja un panorama heterogéneo de sensibilidades: poéticas íntimas, exploraciones materiales, narrativas políticas y desplazamientos identitarios que reflejan la complejidad del campo artístico actual. Más que una jerarquía estética, estos premios revelan las apuestas del sistema: qué voces se consideran necesarias, urgentes o estratégicas en el contexto del mercado internacional.
El Premio de Residencia para Artistas Mujeres 2026, otorgado por Fundación Casa Wabi a Wynnie Mynerva, introduce otra lógica dentro del ecosistema ferial: la del tiempo extendido. Frente al ritmo acelerado de la feria donde la visibilidad es inmediata y la circulación veloz, la residencia propone un espacio de investigación, proceso y deriva. Es una forma de resistencia sutil dentro de la maquinaria del evento: una invitación a pensar el arte más allá de la inmediatez del mercado.
Zona MACO 2026 cerró con ventas que alcanzaron millones de dólares, consolidando su papel como uno de los mercados de arte más relevantes de la región. Sin embargo, su impacto no se mide únicamente en cifras. La feria produce poder simbólico: decide qué se ve, qué se legitima, qué se integra al circuito internacional y qué queda en los márgenes. En ese sentido, Zona MACO no solo refleja el estado del arte contemporáneo en América Latina, sino que lo modela activamente.
Durante esos días, el Centro Banamex funcionó como un escenario de diplomacia cultural no oficial. Se negocian obras, pero también alianzas, exposiciones futuras, residencias, intercambios curatoriales y posicionamientos estratégicos. En ese entramado, México aparece no solo como anfitrión, sino como un actor central en la geopolítica cultural de la región.
Zona MACO 2026 cierra reafirmando su papel como eje articulador de la Semana del Arte en la Ciudad de México. Con el anuncio de su próxima edición, del 3 al 7 de febrero de 2027, queda claro que la feria no se limita a reproducir un formato, sino que sostiene una dinámica de concentración, dispersión y fricción que define el pulso cultural de la ciudad cada febrero.
En un contexto global marcado por crisis ecológicas, desplazamientos políticos y transformaciones tecnológicas, el arte que circula por Zona MACO no es un simple objeto de contemplación. Es un campo de disputa simbólica donde se negocian narrativas, se producen imaginarios y se ensayan formas de leer el presente. Tal vez ahí radica la relevancia más profunda de la feria: en recordarnos que el arte, cuando se inserta en la ciudad, no solo se exhibe y se vende, sino que produce preguntas incómodas sobre el mundo que habitamos.










