MARÍA SCHIETEKAT
CUANDO EL ARTE CONVIERTE LO DESECHADO EN MEMORIA, TRANSFORMACIÓN, EMPATIA & SOLIDARIDAD.
PERFILES
Revista de Arte
7/29/20265 min read


Durante más de tres décadas, María Schietekat desarrolló su carrera profesional como ingeniera en cibernética. Su vida transcurrió entre la tecnología, la empresa y las responsabilidades familiares, en un entorno donde la creatividad encontraba pocos espacios para manifestarse. Sin embargo, aquella inquietud por las artes plásticas nunca desapareció.
"Siempre me gustaron las manualidades y participar en actividades artísticas desde la secundaria", recuerda. No tuvo la oportunidad de estudiar arte de manera profesional, pero la sensibilidad permaneció latente durante años, esperando el momento adecuado para emerger.
Ese momento llegó de manera inesperada. En medio de la pandemia, mientras investigaba sobre aceites esenciales para complementar un taller de manejo del estrés resultado de sus estudios en yoga y desarrollo humano encontró en internet un video sobre la elaboración de pasta de papel reciclado. La curiosidad la llevó a experimentar con los empaques de los propios aceites esenciales y descubrió un material con enormes posibilidades expresivas.
Lo que comenzó como una exploración artesanal terminó convirtiéndose en el sello distintivo de toda su producción artística.
LA PIEL DE PAPEL
María denomina a esa materia prima "la piel de papel", una mezcla elaborada a partir de cartón, papel y otros materiales recuperados que se convierte en la superficie viva de sus obras.
Más que una técnica, representa una filosofía.Cada fragmento reciclado recibe una segunda oportunidad para convertirse en imagen, memoria y símbolo. Aquello que parecía destinado al olvido adquiere un nuevo significado a través del arte.
"Esa transformación es precisamente el corazón de mi trabajo", explica. "Rescatar elementos que parecían desechados y convertirlos en algo capaz de provocar emoción, reflexión o esperanza."
Paradójicamente, la formación científica de Schietekat no desaparece en su proceso creativo. Convive con él.
Sus obras nacen de una idea inicial que rara vez permanece intacta.
"Empiezo con una intención y casi siempre termino haciendo otra cosa. Las piezas se transforman mientras las trabajo."
Como ejemplo recuerda una comisión realizada para el lobby de un edificio de Grupo Carso. El encargo consistía en realizar una obra de inspiración impresionista. Sin embargo, el proyecto evolucionó hasta convertirse en una escena donde el propio Renoir aparece sentado dentro del vestíbulo, acompañado por un perro, mientras las hojas de los cuadros parecen abandonar el lienzo para invadir el espacio arquitectónico.
La imaginación termina siempre imponiendo su propia lógica.
EL NACIMIENTO DEL "OCURRENTISMO ESPONTÁNEO"
Esa libertad creativa encontró incluso un nombre propio.
Cuando un familiar le preguntó cuál era la técnica que utilizaba, María respondió casi de manera instintiva:
"Son ocurrencias."
Aquella respuesta espontánea terminó convirtiéndose en el origen del movimiento artístico que hoy impulsa: Ocurrentismo Espontáneo.
Más que una corriente estética, se trata de una forma de entender la creación como un acto de resignificación.
Objetos olvidados, papeles, cartones, fragmentos de unicel o materiales aparentemente inútiles recuperan una nueva existencia al integrarse en composiciones llenas de imaginación, humor y simbolismo.
En sus piezas conviven elefantes con gafas oscuras, jirafas con bigote, perros escondidos entre hojas, dinosaurios tocando el piano y personajes imposibles que desafían cualquier lógica racional.
Para Schietekat, la creatividad no necesita justificarse.
Necesita existir.
EL ARTE COMO ACTIVISMO SILENCIOSO
Aunque muchas de sus obras desprenden humor e imaginación, otras nacen de una profunda preocupación por las tragedias humanas.
Su producción más reciente está dedicada a las mujeres iraníes y particularmente a las familias afectadas por la violencia ocurrida en Irán.
La artista ha finalizado una obra concebida como un acto simbólico de solidaridad, con el objetivo de entregarla a la Embajada de Irán en México.
"La obra nació con ese destino. Mi deseo es que llegue a las madres iraníes para que sepan que no están solas."
Para Schietekat, el arte posee la capacidad de acompañar incluso cuando no puede modificar los acontecimientos.
"No podemos normalizar el dolor. Muchas veces es más fácil mirar hacia otro lado, pero estas historias pertenecen a toda la humanidad."
Define esta postura como un "activismo silencioso", una forma de utilizar el lenguaje artístico para despertar empatía sin recurrir al discurso político.
Antes de esta obra había realizado otra inspirada en Palestina: una serie de perros rescatando niños como metáfora del mejor amigo del hombre haciendo aquello que, muchas veces, la propia humanidad parece incapaz de realizar.
TRANSFORMAR TAMBIÉN LAS EMOCIONES
El interés de María Schietekat por el desarrollo humano la ha llevado a extender su investigación artística hacia la arteterapia.
La elaboración de la piel de papel implica romper, mezclar, humedecer y reconstruir materiales.
Ese proceso físico puede convertirse también en un proceso emocional.
"Me gusta pensar que mientras las personas mezclan el papel pueden incorporar ahí sus miedos, sus deseos, sus emociones o aquello que necesitan transformar."
Su intención es desarrollar talleres dirigidos principalmente a mujeres y niños, donde cada participante construya una obra a partir de materiales reciclados.
Más allá del resultado plástico, el objetivo consiste en generar un espacio íntimo de conexión consigo mismo.
"No importa cómo quede la pieza. Lo importante es que sea su perro, su historia, su creación."
EL MIEDO DE MOSTRARSE
Quizá la transformación más profunda no ha ocurrido en los materiales, sino en la propia artista.
Después de una vida dedicada a la ingeniería, el mayor reto ha sido exponerse públicamente desde la creación.
"Mostrarme daba miedo."
Cada obra ha significado también un ejercicio de vulnerabilidad.
Un proceso de dejar atrás el temor para compartir una mirada profundamente personal del mundo.
En ocasiones esa mirada adopta la forma de un retrato caricaturesco para un sobrino recién graduado de medicina; otras veces aparece escondida en pequeños detalles, como el perro que decidió pintar dentro de un paisaje después de haber atropellado accidentalmente a un animal días antes.
Cada pieza guarda una historia.
Cada ocurrencia encierra una emoción.
LA IMAGINACIÓN COMO LEGADO
Cuando se le pregunta qué le gustaría que alguien descubriera dentro de cien años al contemplar su obra, María responde entre risas que probablemente pensarán que quien la creó estaba completamente loca.
Después añade algo más importante.
Le gustaría que vieran la libertad.
Que comprendieran que la imaginación no necesita pedir permiso.
Que alguien pudiera preguntarse por qué una jirafa no habría de tener bigotes o por qué un dinosaurio no podría tocar el piano.
Porque, más allá de los materiales reciclados o de la técnica, el verdadero legado que busca dejar es la capacidad de imaginar sin miedo.
En una época marcada por la polarización, la prisa y el exceso de información, la obra de María Schietekat propone detenerse un instante para mirar aquello que normalmente pasaría inadvertido: un trozo de cartón, un papel olvidado o una emoción silenciada.
Y recordar que, al igual que esos materiales, las personas también pueden encontrar una segunda oportunidad para transformarse.






