GRABADORAS DE HISTORIAS

MUJERES EN LA GRÁFICA DE LOS PUEBLOS DE MÉXICO

PLÁSTICA

Revista de Arte

1/7/20263 min read

Por primera vez en la historia de un museo nacional en México, una exposición colectiva integrada exclusivamente por mujeres indígenas y afroamericanas ocupa la totalidad de un recinto institucional. Grabadoras de historias: mujeres en la gráfica de los pueblos de México, presentada en el Museo Nacional de la Estampa, no es solo una muestra de gran formato: es un acontecimiento cultural que marca un punto de inflexión en la manera en que se ha narrado y excluido la producción artística de los pueblos originarios y afrodescendientes dentro de los espacios museísticos oficiales.

El gesto es contundente. No se trata de una sala marginal ni de una sección temática, sino de una ocupación total del museo, que cuestiona de raíz quiénes han tenido históricamente derecho a producir discurso visual desde las instituciones culturales y bajo qué criterios se ha construido la historia del arte en México.

La exposición reúne más de 200 obras realizadas por más de 140 artistas y maestras artesanas, provenientes de comunidades afrodescendientes, comcaac, maya, mazateca, mazahua, náhuatl, otomí, purépecha, totonaca, tseltal, tsotsil, yaqui y zapoteca, entre muchas otras. Esta amplitud no solo traza una geografía extensa Oaxaca, Chiapas, Sonora, Veracruz, Michoacán, Guerrero, Yucatán, sino que construye una cartografía viva de experiencias, lenguajes y procesos creativos.

Aquí conviven creadoras individuales, colectivos gráficos, talleres comunitarios y laboratorios de producción que funcionan desde lógicas distintas a las del mercado del arte convencional. En muchos casos, las obras son el resultado de procesos colaborativos y comunitarios, lo que subraya que la gráfica no es únicamente una técnica artística, sino un espacio de encuentro, memoria compartida y transmisión de saberes intergeneracionales.

En Grabadoras de historias, la estampa aparece como un lenguaje político y poético a la vez. Las artistas utilizan la gráfica para documentar historias silenciadas, denunciar violencias estructurales, preservar mitologías locales y reflexionar sobre el presente desde sus propios territorios. La obra gráfica se convierte así en archivo, en testimonio y en acto de resistencia frente a los procesos de borramiento cultural.

Lejos de cualquier intento de folklorización, las piezas dialogan con problemáticas contemporáneas: la migración, la defensa del territorio, la violencia de género, la memoria ancestral, la relación con la naturaleza y las tensiones entre tradición y modernidad. Cada imagen es también una toma de posición.

Aunque la estampa es el eje articulador de la muestra, la exposición amplía deliberadamente los límites del campo gráfico. El recorrido incluye técnicas tradicionales como aguafuerte, aguatinta, xilografía, grabado en linóleo y monotipo, pero también incorpora stencil, grabado monumental, instalación y obra gráfica de gran formato.

Uno de los aspectos más relevantes de la muestra es cómo muchas obras desbordan el soporte tradicional del papel. La gráfica aparece en el textil, el bordado y la cerámica, prácticas históricamente asociadas al ámbito doméstico o artesanal, que aquí se resignifican como lenguajes contemporáneos de crítica y reflexión. Esta expansión no responde a una tendencia curatorial pasajera, sino a una realidad creativa profundamente enraizada en las prácticas de las artistas, donde el cuerpo, el territorio y el oficio son inseparables.

La exposición se organiza en torno a cuatro ejes temáticos que funcionan como constelaciones abiertas, sin imponer una lectura única:

Usos y costumbres

Lucha y resistencia

Mitos y naturaleza

Cuerpo y territorio

A través de ellos emergen reflexiones sobre identidad, memoria colectiva, espiritualidad, sexualidad, roles de género, migración y búsqueda de justicia. Las obras no ilustran discursos ajenos ni responden a miradas externas: hablan desde la experiencia situada de las creadoras, desde su vida cotidiana y desde las luchas que atraviesan a sus comunidades.

Que Grabadoras de historias ocupe la totalidad de un museo nacional es un acto profundamente simbólico y material. Implica una reconfiguración del museo como espacio de legitimación, y una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué historias han sido consideradas dignas de ser preservadas y exhibidas, y cuáles han quedado fuera?

En el contexto del 2025, Año de la Mujer Indígena, esta exposición no solo visibiliza una producción artística vasta y compleja, sino que propone una transformación en la forma de entender el patrimonio cultural contemporáneo. Aquí, las mujeres indígenas y afromexicanas no son objeto de estudio: son sujetas creadoras, narradoras y protagonistas.

Grabadoras de historias: mujeres en la gráfica de los pueblos de México estará abierta hasta abril de 2026 en el Museo Nacional de la Estampa. Más que una exposición, es una afirmación contundente de que estas historias no son periféricas ni complementarias: son centrales para comprender el arte, la memoria y el presente visual de México.

Una visita imprescindible para mirar de frente cómo, desde la gráfica, las mujeres de los pueblos de México reescriben la historia.