FYJA 2026

EL JARDÍN COMO INFRAESTRUCTURA SENSIBLE DE LA CIUDAD

DISEÑO

Revista de Arte

5/1/20264 min read

En una ciudad donde la velocidad suele imponerse como condición de lo cotidiano, la duodécima edición del Festival de Flores y Jardines FYJA 2026 propone una pausa activa: un desplazamiento en la manera de mirar, recorrer y habitar el espacio urbano. Del 30 de abril al 3 de mayo, Polanco se convierte en un territorio intervenido por el paisaje, donde la naturaleza lejos de ser ornamentoopera como lenguaje, estructura y experiencia.

Más que un festival, FYJA se configura como una operación urbana de gran escala. Su lógica no responde al formato tradicional de exhibición, sino a la construcción de un circuito expandido que desborda los límites del parque y se infiltra en la trama arquitectónica, comercial y social de la colonia. Jardines efímeros, arcos florales monumentales, fachadas intervenidas y dispositivos participativos articulan una red de puntos que invitan al desplazamiento continuo. El mapa del festival no se contempla: se recorre.

La ciudad, en este contexto, se vuelve superficie activa. Espacios como el Parque América y el Parque Lincoln funcionan como núcleos de concentración, mientras que la Avenida Presidente Masaryk convertida en corredor peatonal durante el fin de semana, Polanquito, Antara, Miyana y diversas calles aledañas extienden la experiencia hacia un territorio más amplio. Este gesto no es menor: implica reconfigurar temporalmente la relación entre peatón, paisaje y ciudad, proponiendo una experiencia que privilegia el tránsito a pie, la observación cercana y la apropiación colectiva del espacio público.

La magnitud de la intervención confirma esta ambición: 108 fachadas florales, 5 arcos monumentales, 7 jardines y 18 instalaciones participativas distribuidas en el espacio urbano. Cada uno de estos elementos funciona como una pieza dentro de una composición mayor, donde el diseño floral y el paisajismo dialogan con la arquitectura existente. Las fachadas, en particular, adquieren una nueva dimensión: dejan de ser límite o contenedor para convertirse en superficies vivas que median entre lo privado y lo público.

En el corazón del festival, la Exposición de Jardines en el Parque América plantea una serie de espacios habitables que operan como microterritorios dentro de la ciudad. Estos jardines efímeros no buscan únicamente ser vistos, sino experimentados: invitan a la pausa, al recorrido lento, a la proximidad con la materia vegetal. En ellos, el tiempo parece dilatarse; la percepción se afina y la relación con el entorno se vuelve más consciente. El jardín, aquí, se revela como un dispositivo de atención.

En paralelo, los arcos florales introducen una dimensión escenográfica que articula el recorrido. Su escala monumental y su capacidad de enmarcar el espacio los convierten en puntos de encuentro y en hitos visuales. Sin embargo, más allá de su condición fotogénica, estos elementos operan como umbrales: estructuras que marcan transiciones, que invitan a cruzar, a entrar y salir de distintos estados del espacio urbano.

Uno de los aspectos más relevantes de FYJA 2026 es su programa público, que amplía la experiencia estética hacia un campo de reflexión crítica. A través de pláticas, conversatorios y talleres, el festival aborda temas fundamentales para el presente del paisaje: el cuidado del agua, la biodiversidad, el diseño urbano y las prácticas tanto tradicionales como contemporáneas del jardín en México. Este componente posiciona al festival no solo como una plataforma de exhibición, sino como un espacio de producción de conocimiento.

La participación de figuras como la paisajista Céline Baumann, cuya práctica se centra en la escucha de los ecosistemas y en la integración de procesos naturales en el diseño, introduce una perspectiva que desplaza la idea del control humano sobre la naturaleza hacia una relación más horizontal. Su pieza escénica El Congreso de las Plantas, presentada en el Parque Lincoln, refuerza esta visión al otorgar agencia simbólica al mundo vegetal.

Por su parte, el arquitecto Javier Senosiain aporta una reflexión desde la arquitectura orgánica, una corriente que en México ha buscado reconciliar la construcción humana con las formas, materiales y dinámicas de la naturaleza. Su presencia en el programa subraya la continuidad entre paisaje y arquitectura, y plantea la posibilidad de pensar el jardín como extensión de una lógica espacial más amplia.

El eje curatorial de esta edición El Jardín Mexicano propone una lectura del territorio que trasciende lo geográfico. México se presenta como un entramado de saberes, prácticas y sensibilidades donde el jardín funciona como archivo vivo. En él convergen técnicas ancestrales, especies endémicas, sistemas de cultivo y formas de relación con la tierra que han sido transmitidas, transformadas y resignificadas a lo largo del tiempo.

Este enfoque permite entender el jardín no solo como espacio estético, sino como estructura cultural. Un lugar donde se inscriben historias, identidades y formas de conocimiento que dialogan con las prácticas contemporáneas del diseño. En este sentido, FYJA articula una tensión productiva entre tradición e innovación, entre lo local y lo global, entre la memoria y la experimentación.

El festival también se consolida como plataforma de impulso para nuevas generaciones de diseñadores y paisajistas. La recepción de más de 60 propuestas profesionales y 173 proyectos estudiantiles provenientes de 22 instituciones evidencia la vitalidad del campo y su capacidad de expansión. Esta apertura no solo enriquece el programa, sino que posiciona a FYJA como un espacio de visibilidad, intercambio y formación.

En términos urbanos, FYJA 2026 plantea una pregunta fundamental: ¿qué lugar ocupa la naturaleza en la ciudad contemporánea? Al intervenir el espacio público con materia vegetal, el festival no solo introduce una dimensión estética, sino que activa una reflexión sobre la habitabilidad, el bienestar y la sostenibilidad. El jardín aparece como una herramienta para reimaginar la ciudad, para cuestionar sus límites y para proponer nuevas formas de convivencia.

La experiencia que ofrece FYJA es, en última instancia, múltiple. Puede ser un paseo familiar, un recorrido fotográfico, una exploración estética o una aproximación crítica al paisaje. Esta apertura es parte de su fuerza: permite que distintos públicos se apropien del festival desde sus propios intereses y ritmos.

Durante cuatro días, Polanco se transforma en un jardín expandido. Un espacio donde el diseño, la naturaleza y la comunidad convergen para producir una experiencia que desborda lo visual y se inscribe en lo sensorial, lo social y lo cultural. FYJA 2026 no solo florece en la ciudad: la reconfigura, la interroga y la vuelve, por un momento, más habitable.