DESDE EL UMBRAL

ARTE, TERRITORIO Y NUEVAS FORMAS DE COEXISTENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS ECOLÓGICA

PLÁSTICA

Revista de Arte

6/12/20266 min read

Vivimos en una época definida por la conciencia de un límite. Los incendios forestales que transforman continentes enteros, la desaparición acelerada de especies, la contaminación de ríos y océanos, el agotamiento de recursos naturales y el desplazamiento de comunidades provocado por la devastación ambiental han convertido la crisis ecológica en uno de los grandes relatos de nuestro tiempo. Sin embargo, más allá de las cifras y los diagnósticos científicos, emerge una pregunta que atraviesa disciplinas, geografías y generaciones: ¿cómo llegamos a imaginar una relación con el mundo que hizo posible esta situación?

La exposición Desde el umbral, presentada en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), se adentra precisamente en ese terreno de reflexión. Curada por Lucía Sanromán y Alejandra Labastida, la muestra reúne obras de artistas, colectivos, investigadores y activistas provenientes de distintos contextos culturales para explorar algunas de las preguntas más urgentes del presente: la defensa de los territorios, los derechos de la naturaleza, la justicia ambiental, la comunicación entre especies y las múltiples formas de resistencia que han surgido frente a la devastación ecológica.

Lejos de construir un recorrido didáctico sobre el cambio climático o de ofrecer respuestas simplificadas a problemáticas complejas, la exposición propone una experiencia crítica que cuestiona las categorías con las que tradicionalmente hemos entendido el mundo. En lugar de situar a la naturaleza como un escenario pasivo sobre el que actúa la humanidad, Desde el umbral invita a reconsiderar las relaciones de interdependencia que nos vinculan con ríos, montañas, bosques, océanos, animales y ecosistemas enteros.

El título de la muestra funciona como una clave de lectura. El umbral es un espacio de transición, un punto de cruce entre dos estados. No pertenece por completo a un lado ni al otro; es una zona de incertidumbre y transformación. Desde esa condición liminal, la exposición plantea la posibilidad de abandonar ciertas ideas profundamente arraigadas en la cultura occidental moderna: la noción de que los seres humanos ocupan una posición central y separada del resto de la vida, o la creencia de que la naturaleza existe principalmente como un conjunto de recursos disponibles para la explotación económica.

Durante siglos, gran parte de los sistemas políticos, económicos y jurídicos que estructuran las sociedades contemporáneas se construyeron sobre esa división entre cultura y naturaleza. El ser humano fue concebido como sujeto, mientras que los territorios, los animales y los ecosistemas quedaron relegados a la condición de objetos. Las consecuencias de esta visión son visibles en la expansión de modelos extractivos que han transformado radicalmente paisajes enteros y han generado profundas desigualdades sociales.

Las obras reunidas en Desde el umbral confrontan directamente esa herencia. A través de diversos lenguajes instalación, video, investigación documental, prácticas colaborativas y proyectos transdisciplinarios los participantes examinan las formas en que la violencia ambiental y la violencia social suelen formar parte de una misma estructura de dominación.

Algunas piezas se acercan a territorios marcados por la explotación de recursos naturales y muestran cómo la destrucción ecológica afecta simultáneamente a las comunidades que habitan esos espacios. Otras analizan procesos históricos de militarización y control territorial cuyos efectos permanecen inscritos en ríos, montañas y ecosistemas completos. El paisaje deja entonces de ser una imagen contemplativa para convertirse en un archivo vivo de conflictos políticos, económicos y culturales.

Uno de los ejes más sugerentes de la exposición es la exploración de nuevas formas de comunicación interespecie. Durante décadas, disciplinas como la biología, la etología y la ecología han demostrado que los sistemas naturales funcionan a través de complejas redes de intercambio e inteligencia colectiva. Las investigaciones sobre los sistemas de comunicación de cetáceos, las relaciones simbióticas entre hongos y árboles o las capacidades de aprendizaje presentes en distintas especies han transformado nuestra comprensión de la vida.

Los artistas presentes en la muestra retoman estas investigaciones para imaginar formas alternativas de escucha y percepción. ¿Qué sucede cuando intentamos aproximarnos a los lenguajes de otros seres vivos? ¿Qué implicaciones éticas tiene reconocer que las plantas, los animales o incluso ciertos ecosistemas poseen formas propias de agencia? Estas preguntas desplazan la mirada antropocéntrica tradicional y abren la posibilidad de pensar la coexistencia desde la reciprocidad más que desde la dominación.

Otro de los núcleos fundamentales del proyecto aborda el creciente movimiento internacional en favor de los derechos de la naturaleza. En años recientes, diversos países, comunidades indígenas y organizaciones sociales han impulsado marcos legales que reconocen a ríos, bosques, océanos y especies animales como sujetos de derecho. Se trata de transformaciones jurídicas que representan mucho más que una innovación legislativa: cuestionan las bases filosóficas de los sistemas legales modernos.

La exposición recupera algunos de estos procesos para mostrar cómo el derecho puede convertirse en un espacio de disputa donde se redefinen las fronteras de la comunidad política. ¿Quién tiene derecho a existir? ¿Quién puede ser representado? ¿Quién puede reclamar protección jurídica? Las respuestas ya no se limitan exclusivamente al ámbito humano.

En este contexto, Desde el umbral dialoga con corrientes contemporáneas del pensamiento que han buscado replantear nuestra relación con el planeta. Filósofos, antropólogos y teóricos como Bruno Latour, Donna Haraway, Eduardo Kohn o Anna Tsing han cuestionado las narrativas que sitúan a la humanidad fuera de la naturaleza y han propuesto modelos de convivencia basados en la interdependencia. Aunque la exposición no ilustra estas teorías de manera literal, sí comparte con ellas una inquietud común: imaginar formas de existencia capaces de reconocer la complejidad de los vínculos que sostienen la vida.

Lo notable es que la muestra evita cualquier idealización romántica de la naturaleza. No encontramos aquí una visión idílica del paisaje ni una nostalgia por un supuesto equilibrio perdido. Las obras reconocen que los territorios son espacios atravesados por conflictos, tensiones y disputas de poder. La justicia ambiental aparece entonces como un concepto inseparable de la justicia social, evidenciando que los impactos ecológicos suelen recaer de manera desproporcionada sobre comunidades históricamente vulneradas.

En este sentido, la exposición se inserta en una conversación global sobre el papel de las instituciones culturales frente a la emergencia climática. Los museos ya no son únicamente espacios de exhibición; se han convertido en plataformas donde se discuten cuestiones relacionadas con el futuro de la vida colectiva. La pregunta ya no es sólo qué mostrar, sino también cómo operar, producir conocimiento y relacionarse con los recursos disponibles.

Por ello resulta especialmente relevante que Desde el umbral marque el inicio de un programa de largo alcance dentro del MUAC enfocado en la sostenibilidad. A partir de esta iniciativa, el museo busca incorporar criterios de cuidado ambiental y aprovechamiento responsable de recursos en distintos niveles de su funcionamiento. Más que una acción complementaria, esta decisión plantea una reflexión sobre la responsabilidad institucional en un momento en que las prácticas culturales también son llamadas a revisar sus propios modelos de producción y consumo.

La fuerza de Desde el umbral reside precisamente en esa capacidad para articular dimensiones aparentemente distantes: arte y activismo, investigación científica y experiencia estética, reflexión filosófica y acción política. Las obras no buscan ofrecer soluciones definitivas a la crisis ecológica, sino ampliar el horizonte desde el cual pensamos el problema.

En un presente marcado por la incertidumbre, la exposición nos recuerda que toda transformación profunda comienza por una modificación de la mirada. Antes de imaginar nuevas políticas ambientales, nuevas tecnologías o nuevos marcos jurídicos, quizá sea necesario reconstruir nuestra sensibilidad hacia aquello que durante demasiado tiempo consideramos externo a nosotros.

Desde ese lugar de transición que evoca el título, la muestra propone un ejercicio de imaginación radical: reconocer que la naturaleza no es un escenario sobre el cual transcurre la historia humana, sino una comunidad de múltiples voces, tiempos y formas de existencia de la que somos apenas una parte. Cruzar ese umbral implica abandonar viejas certezas para ensayar otras maneras de habitar el mundo. Y tal vez, en ello, resida una de las tareas más urgentes del arte contemporáneo.

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