CUANDO EL BALÓN ENTRA AL MUSEO
ABEL QUEZADA Y LA COREOGRAFÍA DEL HUMOR MEXICANO
PLÁSTICA
Revista de Arte
7/6/20264 min read


En la historia del arte mexicano del siglo XX pocas figuras lograron observar al país con la precisión, la ironía y la humanidad de Abel Quezada. Dibujante, cronista, pintor, periodista y uno de los grandes constructores de la cultura visual nacional, hizo del humor un lenguaje crítico capaz de revelar aquello que los discursos solemnes preferían ocultar. Sin embargo, una dimensión de su producción había permanecido casi al margen: el deporte como escenario estético, político y profundamente humano.
Con ¡México-México-México! Abel Quezada entre arte y deporte, el Museo Kaluz propone una lectura distinta de su legado. Más que aprovechar la coincidencia con la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la exposición demuestra que el deporte fue, para Quezada, un laboratorio desde el cual observar las pasiones colectivas, las contradicciones nacionales y la permanente representación de lo mexicano.
Lejos de entender el fútbol, el béisbol o el boxeo únicamente como disciplinas atléticas, la muestra plantea que estos espacios constituyen escenarios donde se representan identidades, se construyen héroes populares y se ensayan los rituales de la vida contemporánea. En la mirada de Quezada, la cancha se convierte en una extensión de la plaza pública y el estadio en un teatro donde se interpretan las aspiraciones, frustraciones y entusiasmos de una sociedad.
El título de la exposición recupera uno de sus célebres cartones, pero también funciona como una declaración de principios. Ese "¡México-México-México!" remite al grito colectivo que acompaña tanto las victorias como las derrotas deportivas, un coro donde el patriotismo, la esperanza y la ironía conviven inevitablemente. Es precisamente en ese territorio ambiguo donde Abel Quezada desarrolló buena parte de su pensamiento visual.
La exposición, organizada por Ery Camara, evita construir una narrativa estrictamente biográfica para privilegiar una lectura temática de la obra. A través de cartones, pinturas, acuarelas, documentos y materiales de archivo inéditos provenientes de la Colección Familia Quezada Rueda, la Galería Proyectos Monclova, el Museo Kaluz y colecciones particulares, el recorrido permite comprender cómo el deporte acompañó al artista desde distintos momentos de su vida.
Los recuerdos de su infancia en Comales, Tamaulipas, donde el béisbol ocupaba un lugar cotidiano; su experiencia como reportero enviado a cubrir la Copa Mundial de la FIFA Suiza 1954; su trabajo como cronista gráfico y su interés por figuras como Fernando Valenzuela o el boxeador Kid González revelan que el deporte nunca fue un tema accesorio dentro de su producción. Constituyó, por el contrario, una manera de observar el comportamiento humano.
Cada disciplina adquiere en sus imágenes un ritmo particular. Los tenistas parecen suspendidos entre la estrategia y el azar; los boxeadores condensan la tensión dramática del enfrentamiento; los beisbolistas evocan la memoria personal y los futbolistas sintetizan la teatralidad del espectáculo colectivo. En todos los casos, el movimiento importa menos por su precisión anatómica que por su capacidad narrativa.
Los múltiples rostros de Abel Quezada introduce al visitante en el universo del creador mediante fotografías, cuadernos de viaje, documentos, publicaciones y obras tempranas. Más que un recorrido cronológico, este apartado evidencia la amplitud de intereses de un artista autodidacta que transitó con naturalidad entre la ilustración editorial, la pintura, el periodismo y la caricatura política. También permite reencontrarse con personajes emblemáticos como el policía preventivo, Don Gastón Billetes, "El Charro" Macías, El Tapado y Solovino, figuras que forman parte del imaginario visual mexicano.
En El juego: entre arte y deporte, la pintura ocupa el centro de la conversación. A partir de la década de 1960, Quezada desarrolló un lenguaje plástico libre de convenciones académicas donde el color, la síntesis formal y el humor dialogan con escenas deportivas. Lejos del realismo heroico que suele dominar la representación del atleta, sus obras privilegian la espontaneidad, el gesto y la emoción, haciendo visible la fragilidad detrás de la competencia.
Finalmente, Crítica y humor en la cancha reúne cartones publicados desde mediados de la década de 1940 en periódicos como Ovaciones, Excélsior, Novedades y Últimas Noticias. Es quizá el núcleo más vigente de la exposición. Allí, el fútbol aparece como metáfora del país: una afición que deposita en cada torneo la promesa de una redención colectiva, mientras el humor de Quezada desmonta con sutileza los excesos del nacionalismo deportivo y las contradicciones del espectáculo mediático.
La coincidencia con la Copa Mundial de 2026 otorga a la exposición una resonancia particular. Mientras la Ciudad de México volverá a convertirse en escenario del mayor espectáculo futbolístico del planeta, el Museo Kaluz propone una pausa para mirar aquello que suele quedar fuera de la transmisión televisiva: la construcción cultural del deporte.
Más que celebrar la competencia, la exposición invita a pensar cómo los eventos deportivos producen imágenes, relatos e identidades compartidas. En ese sentido, Abel Quezada aparece menos como un cronista del fútbol que como un intérprete de la condición humana, capaz de reconocer en una grada, un estadio o un cartón editorial las mismas tensiones que atraviesan la política, la vida cotidiana y la cultura mexicana.
Su dibujo nunca ridiculiza; observa. Su ironía no destruye; revela. Y quizá por ello, más de tres décadas después de su muerte, sus imágenes conservan una sorprendente actualidad.
En tiempos donde el deporte se consume a la velocidad de las pantallas y las estadísticas, ¡México-México-México! Abel Quezada entre arte y deporte recuerda que también puede ser leído como una forma de arte: un espacio donde el movimiento, el humor y la crítica construyen una de las expresiones más elocuentes de la identidad mexicana.
La exposición permanecerá abierta del 5 de julio al 31 de agosto de 2026 en la Sala Polivalente, Planta Baja del Museo Kaluz, acompañada por un programa público de conversaciones, proyecciones, talleres y visitas guiadas que ampliará la reflexión sobre el deporte como fenómeno cultural.






